domingo, mayo 21, 2006

PERVERSA INSENSIBILIDAD LA NUESTRA

Muchos medios de comunicación gastan tintas en cursilerías, en cambio, los verdaderos problemas, que aquejan nuestro entorno, son desplazados como los hijos de la calle.

Elvis Martínez Acosta

Mucho nos inquietamos por la influencia que puede tener el Código Da Vinci en nuestras creencias, por las personas con diferencias culturales que nos rodean, o por aquellas cosas que no hacen los demás, pero que tampoco las hacemos. No nos agitan las situaciones que verdaderamente deberían de preocuparnos como la degradación social que, aunque no la admitamos en nosotros, nos habita sin saberlo. Nuestra sociedad está perdiendo la sensibilidad sin darse cuenta, luego nos quejaremos de las generaciones futuras, pero será tarde, porque serán éstas el resultado de esa insensibilidad que nos desborda.

La semana anterior, en las inmediaciones de la Alianza Francesa, en barrio Amón, un pequeño –de unos 9 años- yacía en la acera de una tienda en medio de la llovizna, sin que los transeúntes se detuvieran a observar si éste estaba muerto o apenas respiraba. Ejecutivos, taxistas y peatones pasaban sin la menor sensibilidad, no los inmutaba la escena dantesca a vista de todos. Detuvimos el coche para ver la situación del menor, que como él, deambulan muchos en el centro de San José, pero no con la edad de este niño. ¿Dónde están las autoridades del PANI y de la Iglesia? Como ciudadanos responsables y comprometidos con nuestros países –me considero ciudadano centroamericano- no deberíamos de permitir tal situación.

Aquella escena en el principal barrio turístico de la capital (barrio Amón), cercana a la cancillería y más aún a la vista de turistas, es una imagen de lo que es nuestra sociedad, de lo que estamos construyendo, la irresponsabilidad de unos padres plasmada en el sufrimiento de un menor. Tanto nos preocupamos por la repercusión que pueda tener la literatura ficticia y cinematográfica del Código Da Vinci, por la presencia de los hermanos nicaragüenses, por la buena retórica del discurso presidencial y por las “pachucadas” del gobierno anterior –según Julio Rodríguez de La Nación- y no por el futuro de nuestros niños. Ellos no solo son el futuro, también son el presente. Es alarmante como en una década el consumo de drogas ha crecido del 2% al 9% de la población; ya sabemos cuáles problemas produce en nuestra juventud. ¿Dónde quedan las políticas orientadas a este sector de la población? ¿A dónde ha quedado la palabra que se profesa en las iglesias? ¿Dónde queda nuestra responsabilidad como ciudadanos? Las estrategias y propuestas planteadas por el nuevo gobierno deberían de enfocarse más en sacar de las calles a tantos menores que deambulan sin ningún futuro en el centro y alrededores de San José.

Como dice el cantautor catalán, Joan Manuel Serrat, “…uno se cree que los mató el tiempo y la ausencia, pero su tren vendió boletos de ida y vuelta…” Con esa perversa insensibilidad, nuestra sociedad vende boletos de ida y vuelta al futuro de nuestros niños, después nos quejaremos y el tiempo, como buen cobrador, nos pasará la factura. Por eso, aconsejo al gobierno, a la iglesia y a nuestra sociedad, más actuación y menos circo, tanta cursilería nos aleja de la realidad en la que estamos viviendo.

2 comentarios:

Daniel balladares dijo...

Muy buen comentario y cierto, a veces le damos más importancias a cosas superfluas.

Daniel Balladares

José Rodríguez dijo...

Elvis, muy bueno el blog.
Sobre este artículo, es muy interesante que cuando salimos a la ciudad no nos damos cuenta de tal situación y los riesgos que implica a las futuras generaciones el abandono total.

Saludos.

José Rodríguez

 
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