viernes, junio 02, 2006

PARA RECORDAR ESA TRISTE HISTORIA

Tragedia familiar de alcance continental. En esta Navidad disfrutó de sus juguetes, una psicóloga la ve dos veces por semana. Padre indignado sigue pidiendo justicia

Luis Galeano

"Rosita" ríe mucho, juega y se comporta como cualquier niña de su edad. Acaba de cumplir 10 años el 14 de diciembre, y no hay nada que la haga más feliz que compartir su alegría con sus amiguitos de la escuela, del barrio, y por supuesto, con sus padres.

Sus días transcurren en absoluta normalidad. No tendrían por qué variar, dicen sus padres. Le gusta a ir a la escuela, ver los muñecos en la televisión y divertirse con un "traca, traca". "A ella lo único que le da miedo es quedarse sola, y nosotros por eso no la dejamos", afirma su madre María de los Santos Reyes. "Se acuerda de lo que pasó, pero como eso es cosa del pasado, pues nosotros preferimos no hablar con ella de eso, todavía sigue siendo nuestra niña, y lo mejor es que su vida y la nuestra sigan normales", dice por su parte el padre de la menor, Francisco Fletes.

Hace once meses, ellos y su pequeña se convirtieron en la noticia que ocupó la atención de la gran mayoría de los nicaragüenses. Varios países de América Latina y Europa se interesaron en saber qué pasaría con la niña, y hasta les ofrecieron ayuda. La pequeña fue embarazada a los nueve años producto de una violación en Costa Rica, y no acertaba a entender que en su vientre se gestaba un hijo como fruto de una violación. Menos aún, que su historia había enfrentado a la Iglesia Católica, al Gobierno y a las ONG en un debate ético moral que ha trascendido las fronteras de Nicaragua: ¿Podía una niña de nueve años ser madre? o ¿Había que permitirle abortar?

Antes de que eso ocurriera, la pequeña jugaba con los niños de su edad en los cafetales del cantón de Turrialba en Costa Rica. Sus padres, dos campesinos originarios de Chinandega, habían viajado a ese país con ella pensando en darle un futuro mejor. Allí ganarían el doble que en Nicaragua recolectando café. Pero fue precisamente en esos cafetales donde ocurrió el terrible acto en su contra. El supuesto autor, un campesino costarricense de 20 años, identificado como Alex Barquero, fue detenido por un tiempo, pero después fue declarado inocente de los cargos.

END dio voz de alerta desde que el precoz embarazo trascendió, el 31 de enero de ese año, por medio de las páginas de EL NUEVO DIARIO, la historia se convirtió en un drama humano, y la niña se vio inmersa en una vorágine: Médicos que la examinaban a cada momento, y curiosos que le preguntaban qué le había sucedido. Medios de comunicación que presionaban a los suyos para contar la tragedia, y un enfrentamiento entre dos sectores que se apuntaban: unos a que se le realizara un aborto terapéutico, y otros a que la niña cumpliera la gestación y tuviera el fruto de la violación. Todo eso formaba parte de la vorágine.

Los médicos calificaban el embarazo de altísimo riesgo: la vida de la niña, encinta de 15 semanas, pendía de un hilo. Su frágil cuerpo nunca aguantaría nueve meses de embarazo, y si sobrevivía habría que provocar un parto prematuro. Lo peor, tampoco creían que la niña superara, en Nicaragua, una operación quirúrgica para interrumpirlo. Además, "Rosita" presentaba una infección vaginal de transmisión sexual y otra renal que podrían provocarle un aborto tarde o temprano. ¿Era una interrupción terapéutica del embarazo la mejor solución para salvar a "Rosita"?

Sus padres, apoyados por la Red de Mujeres contra la Violencia, apostaron a que sí, y consiguieron que a la pequeña se le practicara un aborto el viernes 21 de febrero, en una clínica privada en Managua. Esto provocó que los movimientos conservadores que se oponían al aborto denunciaran a la Fiscalía el hecho, pero esa entidad no encontró méritos para abrir proceso en contra de nadie. "Decidimos lo mejor", dicen padres Hoy en día, los padres de la menor dicen no arrepentirse de nada, pues están seguros de haber tomado la mejor decisión para su pequeña, que ahora tiene 10 años y que cursará el próximo año el tercer grado de primaria.

Ambos accedieron a brindarnos unas breves declaraciones advirtiendo que no les gustaría volver a tener la atención de todos encima, algo que comparan como "un huracán sobre sus cabezas". "Nuestra hija está bien, es como todas las niñas y eso es porque está recibiendo trato de una psicóloga que habla con ella todas las semanas. Nosotros la apoyamos, no la hemos dejado al sol y al viento", asegura María de los Santos Reyes. ¿Recuerda lo que le pasó?

"Ella ha estado platicando con la psicóloga que la atiende, y es ella la que le ha dicho cómo es que han pasado las cosas para que vaya entendiendo mejor entre más días pasen. Platican cada semana, es una visita semanal. En la medida en que pase el tiempo ella tiene que ir entendiendo todo, con calma. Ella recuerda que estuvo embarazada". ¿Observan ustedes algunas secuelas en la niña? "A ella le da miedo estar sola, y por eso nosotros no la dejamos. Nosotros también tenemos un poco de temor, porque cuando pasó eso sentíamos mucha presión y todavía hoy cuando alguien nos llama (de los medios) nos sentimos mal y no nos gusta".

"Que castiguen al culpable", reclama el padre. Francisco Fletes, el padre de la menor, fue más escueto en la plática, pues dice que desde lo ocurrido quedaron un poco "ariscos" con todo lo que tiene que ver con los medios. "Vivimos en una finca, tenemos privacidad, contamos con nuestra tierrita y cuidamos los animales. Yo veo a nuestra hija tranquila. Cambió desde que ocurrió todo, porque está más grande de estatura, nos ayuda a trabajar y va a la escuela".

Cuando recuerda que el supuesto autor de la violación de su hija está libre, su reacción es violenta: lo que quisiera es matarlo... desaparecerlo. Tengo mucho rencor en mi corazón para con esa persona, y creo que lo voy a tener hasta que me muera. Hay un libro sobre el drama. Hoy en día, hasta un libro se ha escrito relatando lo ocurrido a la niña y sus padres. "La historia de una Rosa", lleva por título la obra de la que es autora María López Vigil.

Verdaderamente, el caso de la niña y sus padres tiene que ver con varios asuntos como la pobreza del campo y la emigración de nuestros paisanos en busca de un mejor horizonte, que en aquel entonces pasaron inadvertidos, pues lo que iba a ocurrir con la niña y el bebé que traía en su vientre era lo que llamaba la atención de todo el mundo.

La Red Mujeres contra la violencia asegura que casos como el de la protagonista de este artículo se repiten constantemente en nuestro país, pues la violencia intrafamiliar contra los niños y niñas es muy común por la falta de educación, orientación, y de una cultura de respeto de los unos hacia los otros. Lo bueno es que "Rosita" ríe y su vida se desarrolla de la manera más normal, dejando atrás el episodio trágico que le hizo vivir alguien que camina impunemente, a lo mejor en búsqueda de una nueva víctima.

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