domingo, agosto 26, 2007

Una de cal y de arena

OPINIÓN (Costa Rica)
Por Álvaro Madrigal Castro

Vistos los Acuerdos de Esquipulas a veinte años de su firma, el veredicto tiene que ser laudatorio si sus contenidos sólo comprometían a los signatarios a silenciar los cañones y a devolver a los pueblos el derecho a elegir a sus máximas autoridades. Pero está claro que los Acuerdos de Esquipulas contenían metas más ambiciosas atinentes a la institucionalización de la democracia en Centroamérica sobre bases sólidas y duraderas, algo con lo que no han cumplido los estamentos políticos de la región.

No hay que escatimar aplausos para este esfuerzo de paz en cuya forja participó con denuedo y pasión el Presidente de Costa Rica, Oscar Arias Sánchez. Basta pensar lo que sería Centroamérica hoy si todavía los cañones estuvieran vomitando fuego.

Pero acallados los rifles, el paso inmediato e irreversible, debía ser la construcción de una paz diferente a la que reina en los cementerios. De una paz que no gana firmeza, resistencia y durabilidad si no abre paso a la justicia, la equidad social y las oportunidades culturales, de la mano de procesos electorales cristalinos abiertos a la más libérrima participación ciudadana. Los resultados a este respecto son decepcionantes, allí donde la opresión y la injusticia reinaban.

Los cuartelazos quedaron en la historia pero los procesos electorales -que por sí solos no son sinónimo de democracia- dejan mucho que desear. La pobreza, la inequidad social y la concentración de la riqueza se multiplican. El abuso del poderoso con el débil y la violencia propia de la ley de la selva siguen presentes, ahora con la amenaza de las “maras”.

La gente se pregunta por qué no hay progreso social. Y se frustra. Y emigra a Norteamérica y Europa, desilusionada. Las esperanzas creadas por Esquipulas se van evaporando. Inevitable y si no véanse las cifras de CEPAL y FLACSO que acusan el desempleo, la pobreza, el acceso a la educación y la salud, la distribución de la riqueza…. Cifras que también confirman la presencia de economías en expansión y ciertamente más fuertes (el efecto de las remesas del éxodo, ¡qué ironía!).

Pero allá no hay justicia social y sí un modelo de económico excluyente con un Estado desguazado, sin potestades para “organizar y estimular la producción y el más adecuado reparto de la riqueza”, como sí lo pregona sabiamente nuestra Carta Magna.

El Presidente Arias le advirtió a sus colegas en este vigésimo aniversario de Esquipulas: “Seguimos transitando la senda de la pobreza, de la exclusión social, de la ignorancia, de la enfermedad, de la inseguridad y de la intolerancia… Mucho cuidado, Centroamérica, porque estas sendas tarde o temprano acaban por cruzarse con la espiral de la guerra”.

En otras palabras -digo yo- estamos ante un problema político y todo lo que significó Esquipulas puede terminar siendo nada más que un armisticio y no un pacto de paz. Sí, don Oscar, el problema es político. No es cosa que se resuelve en el terreno del comercio exterior con la apertura de fronteras, como usted lo planteó ahí mismo este 8 de agosto.


(TRIBUNA DEMOCRATICA)

El "Acuerdo de Esquipulas" es el compromiso para la pacificación de Centroamérica, firmado en la localidad guatemalteca de Esquipulas (departamento de Chiquimula) por los presidentes de Costa Rica (Óscar Arias), El Salvador (José Napoleón Duarte), Guatemala (Vinicio Cerezo), Honduras (José Simón Azcona) y Nicaragua (Daniel Ortega), el 7 de agosto de 1987. Su origen es el conocido como Plan Arias, formulado por el presidente costarricense Óscar Arias.

Los países firmantes del Acuerdo de Esquipulas se comprometieron a establecer un alto el fuego, amnistiar a los presos políticos, democratizar sus respectivos países, no conceder apoyo a fuerzas irregulares y movimientos insurreccionales y a no usar su propio territorio para agredir a otros estados. Este compromiso, logrado sin intervención alguna del exterior, fue apoyado por los países latinoamericanos del denominado Grupo de Contadora (formado en 1983 por los representantes de México, Panamá, Venezuela y Colombia, cuyo objetivo era mediar en los conflictos centroamericanos, y que contó con el apoyo de la Comunidad Económica Europea y de la Organización de Estados Americanos, entre otros organismos internacionales). En reconocimiento a su labor, Óscar Arias recibió el 14 de octubre de 1987 el Premio Nobel de la Paz.

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