jueves, septiembre 13, 2007

Asesinados por ser inmigrantes pobres y anarquistas

A 80 años del asesinato de Sacco y Vanzetti La ejecución equívoca de los dos anarquistas ítalo-estadounidenses ponía en evidencia el racismo de la sociedad norteamericana de entreguerra.
Por Rama
El 23 de agosto de 1927, mueren ejecutados en la silla eléctrica Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, trabajadores anarquistas italianos que residían en Massachussets, Estados Unidos. Murieron acusados injustamente de un robo millonario que jamás cometieron. Desde entones sus nombres quedarían indisolublemente unidos en la memoria colectiva como expresión de indignación frente a la injusticia. Aunque Sacco y Vanzetti hubieran cometido realmente aquel delito, no terminarían en la silla eléctrica por ello, sino por su condición de inmigrantes pobres y anarquistas.

Como millones de italianos, Sacco y Vanzetti habían emigrado a Estados Unidos movidos por el sueño de la América próspera. Se conocieron en los alrededores de Boston. Sacco era zapatero y Vanzetti vendía pescado. Ambos formaban parte de un grupo de anarquistas que participaban en las luchas sindicales contra las condiciones de semiesclavitud que imperaban en aquel momento en el régimen laboral norteamericano. El 5 de mayo de 1920 fueron arrestados en una de las redadas policiales contra los anarquistas. En un principio habían sido acusados de distribuir panfletos subversivos, pero poco tiempo después las autoridades los vincularon a un doble crimen que se había cometido, 20 días antes, en South Baintree.

50 años después, en 1977, Estados Unidos revisó el caso constatando numerosas fallas en el proceso judicial, reconoció oficialmente el error y pidió disculpas a los descendientes de Sacco y Vanzetti.

Una carta, firmada por John M. Cabot, embajador americano retirado, declaró su "gran indignación" y señaló que la confirmación de la pena de muerte por el Gobernador Fuller se hizo después de una revisión especial por "tres de los más distinguidos ciudadanos de Massachussets - el presidente de Harvard, Lowell, el Presidente del MIT, Stratton y la Jueza jubilada Grant".

Esos tres "distinguidos y respetados ciudadanos" fueron vistos de forma diferente por Heywood Broun que escribió inmediatamente en su columna para el New York World después de que la comisión del Gobernador hizo su informe. En su columna decía: “No todo prisionero tiene un Presidente de Harvard que aprieta el interruptor para él... Si éste es un linchamiento, por lo menos el vendedor ambulante de pescado y su amigo artesano pueden tener como consuelo para el alma que morirá a manos de hombres en traje de gala o con togas académicas.” Heywood Broun, uno de los periodistas más distinguidos del siglo XX, no continuó como redactor para el New York World.

El episodio de Sacco y Vanzetti fue y sigue siendo una fuente de lecciones para el campo popular y para cualquier intención transformadora. Actualmente en la mayoría de los casos, y contrariamente a lo que nos informa la ideología liberal, el Poder Judicial no es independiente del poder político sino un mecanismo privilegiado de preservación del sistema de dominación. Frente a las necesidades del poder dominante la administración de justicia no resulta otra cosa que una ridícula parodia de si misma. El caso Sacco y Vanzetti da fe de ello. Como también lo dan en nuestro tiempo.

En los países centrales o medianamente desarrollados, existe una gran cantidad de trabajadores inmigrantes, que son sometidos a condiciones de explotación y fuertemente discriminados, además de ser criminalizados. Lo mismo ocurre con quienes se organizan políticamente para cambiar el orden establecido. El caso de Sacco y Vanzetti ardió por el combustible del terrorismo y como resultado de la fobia a la inmigración.

Tal vez la única diferencia sea que, en los locos años 20, solo se necesitaron dos muertes, y no miles de ellas en una guerra, para encender a la opinión pública.

El trato de la prensa

La prensa Norteamérica jugó un papel cómplice con la “justicia” norteamericana. Lo primero que hizo fue condenar a Sacco y Vanzetti, de manera categórica, generando la conocida “criminalización de la protesta”, que lamentablemente sigue vigente 80 años después. Al igual que en muchos otros casos, circuló información falsa publicada en medios de prensa como la siguiente: gente enardecida se habían abalanzado sobre Sacco y Vanzetti pretendiendo lincharlos.” La noticia era falsa. Había que inventar un rechazo generalizado hacia ellos. Con las ropas desaliñadas, despeinados, después de largos interrogatorios, les tomaban las fotos. Algún retoque y ya estaban listos los rostros asesinos. Al otro día aparecían en la prensa.

Al poco tiempo, el caso desapareció de la prensa, luego reapareció con la noticia del fallo. Es decir que primero se lanzó una campaña de construcción de “otredad negativa” para disimular el vergonzoso papel de la “justicia”, luego el ocultamiento. Sin embargo, las movilizaciones obreras rompieron el cerco. Con el tiempo se fueron sumando más y más compañeros a la campaña en defensa de Sacco y Vanzetti. De Argentina a México, de Portugal a Rusia, en el mismo Estados Unidos, o en diversos puntos del planeta. Huelgas, paros parciales, manifestaciones, bombas, conmovieron al mundo. A lo ancho y largo del mundo se denunciaba este crimen. La solidaridad internacional se hizo presente muchas décadas antes de lo que muchos hoy llaman “resistencia global”. De esta manera, ante la lucha solidaria y masiva, la prensa no pudo mantener el silencio.

Por ellos se produjo la primera huelga internacional (que se cumplió en casi todos los países del mundo) y pidieron clemencia Einstein, Marie Curie, Bernard Shaw, Orson Welles y Miguel de Unamuno además de otros intelectuales, científicos, actores y organizaciones defensoras de los derechos civiles.

Sus vidas

Niccola Sacco trabajaba en una fábrica de zapatos de Massachussets. Tenía familia. Trabajaba seis días a la semana, diez horas al día. Pero también era activo en las manifestaciones obreras de entonces, manifestaciones en las cuales los obreros demandaban mejores salarios y condiciones laborales. Y por estas actividades ya había sido arrestado en 1916. Nació el 23 de abril de 1891. A pesar de tener conocimientos de mecánica no encontró trabajo en este oficio. Los extranjeros no eran considerados para las tareas especializadas y apenas si conseguían trabajo en fábricas. Trabajó primero como mozo de agua, consiguiendo luego colocación como zapatero en la fábrica de calzados de Kelly. Cuando estalla la guerra Sacco se define contra ella. "Esta guerra no es para empuñar el fusil... se hace en beneficio de los grandes millonarios" dirá más adelante. Sus últimas palabras fueron:

"¡No hay justicia para los pobres en América! ...¡Oh, compañeros míos, continuad vuestra gran batalla! ¡Luchad por la gran causa de la libertad y de la justicia para todos! ¡Este horror debe terminar! Mi muerte ayudará a la gran causa de la humanidad. Muero como mueren todos los anarquistas -altivamente, protestando hasta lo último contra la injusticia. ...Por eso muero y estoy orgulloso de ello. No palidezco ni me avergüenzo de nada; mi espíritu es todavía fuerte. Voy a la muerte con una canción en los labios y una esperanza en mi corazón, que no será destruida..."

Bartolomeo Vanzetti nació en Villafalleto, en el Piamonte, en 1888. Le gustaba el estudio pero sólo pudo hacer la escuela primaria. Empezó a trabajar a los 13 años de edad, eran 15 horas diarias sin descanso semanal, sólo tenía un asueto de tres horas dos veces al mes. Tenía diversos oficios. En 1916 había dirigido una huelga en una fábrica de sogas. Posteriormente, trabajó por cuenta propia, como vendedor ambulante de pescados. Sus últimas palabras fueron: "Muero como he vivido, luchando por la libertad y por la justicia. ¡Oh, si pudiera comunicar a todos que no tengo nada que ver con ese horrendo crimen... Mi corazón está lleno, rebosante de amor por los míos. ¿Como despedirme de vosotros? ¡Oh, mis queridos amigos, mis bravos defensores, a todos vosotros el afecto de mi pobre corazón, a todos vosotros mi gratitud de soldado caído por la causa de la libertad! ...Continuad la soberbia lucha, que yo también en lo poco que pude, he gastado mis energías por la libertad y por la independencia humana. ...¿Que culpa tengo si he amado demasiado la libertad? ¿Por qué he sido privado de todas las cosas que hacen deliciosa la vida? Ningún reflejo de la propia naturaleza, del cielo azul y de los espléndidos crepúsculos en las tétricas prisiones construidas por los hombres para los hombres. Pero yo no he llevado mi cruz en vano. No he sufrido inútilmente. Mi sacrificio valdrá a la humanidad a fin de que los hermanos no continúen matándose; para que los niños no continúen siendo explotados en las fábricas y privados de aire y luz. No está lejos el día en que habrá pan para todas las bocas, techo para todas las cabezas, felicidad para todos los corazones. Tal triunfo será mío y vuestro, compañeros y amigos."

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